EL
ABORTO SELECTIVO POR RAZÓN DE SEXO
Iº-
INTRODUCCIÓN.
Cualquier texto de
biología o de sociología nos indica, sin discrepancia alguna, que la
proporción natural, permanentemente estable y universal de
nacimientos, en el género humano, es de 105 niños por cada 100 niñas
resultando que en la práctica,
se produce un perfecto equilibrio del 50% de la población mundial
entre ambos sexos. Estas líneas, lejos de cualquier posicionamiento
antiabortista,
de confusiones alarmistas o de disparatadas conclusiones, quieren
traer a la palestra, algo que, desde hace unas décadas está
ocurriendo de forma silente, progresiva y con poco cuestionadas
derivaciones que pudieran resultar ser tan incontrolables como
preocupantes.
Una pregunta
inicial: ¿qué pasaría sí, este equilibrio se rompe y en el planeta,
en un próximo futuro, hubiera 7 varones por cada 3 mujeres? Pues,
probablemente, algo simple como que en unas 20 generaciones, o unos
500 años, a ese ritmo, el género humano se extinguiría. Es esta una
cuestión que depende de las frías matemáticas; una generación con un
desfase de 7 a 3 que admitiera el aborto selectivo por razón de
sexo, se reproducirá con un desfase, por poner un ejemplo, de 7,2 a
2,8 y así hasta que la mujer quede en un precario desequilibrio o
bien, simplemente, desparezca de la faz de la tierra. Lo dicho hasta
ahora bien pudiera parecer un despropósito pero resulta que los
datos
que vamos a manejar están sobradamente avalados con otros que vieron
la luz en una revista médica y científica de muy reconocido
prestigio. En efecto, The Lancet
ya publicó un artículo en el que el Dr. Shirish Sheth del Hospital
“Breach Candy” señalaba que; “…a escala mundial, este
desequilibrio natal es de 100 millones menos de nacimientos
femeninos…”. Por otro lado, en 1990, Amartya Kumar Sen,
economista bengalí, premio Nobel de Economía en 1998, opinaba algo
muy similar a lo ya repetido sobre el aborto selectivo por razón de
sexo.
Examinar este fenómeno, desde una óptica sociológica y legal, es el
propósito de las siguientes líneas.
IIº.- ALGUNAS CIFRAS.
Ante los datos
anteriores bien se podría opinar, consecuentemente, que el descenso
de la población femenina es algo que no sólo ocurre en Asia y China
y así, por ejemplo, en China se llega a alcanzar los 133 niños en
algunas provincias lo que supone un 30% por encima de la tasa
biológica y resulta que, allí, a fecha de hoy y ya
irremediablemente, unos 25 millones de hombres no tendrán la
posibilidad de encontrar una esposa o la madre de sus hijos entre
2015 y 2030. En 1990 había en la India 25 millones de hombres más
que de mujeres, diferencia que en 2001 había aumentado a 35
millones. Algunos expertos estiman que en dicho país allí
actualmente ya hay 50 millones de hombres más que de mujeres. Cabe
destacar que Asia y China cuentan con el 40% de la población
mundial, con lo cual un desfase en la población por sexos de Oriente
está repercutiendo planetariamente mucho más de lo que, en un
análisis ingenuo, pudiera deducirse.
IIº.- Iº.- LAS
CIFRAS SILENCIOSAS.
Incidiendo en lo
anterior y sí, por curiosidad, mirásemos en internet nos
encontraremos que muchos datos que aparecen avalan sobradamente que
el aborto selectivo por razón de sexo, no es ningún fenómeno local,
sino que, por el contrario, abarca a todo el planeta. El aborto
selectivo de niñas no es una curiosidad o una extravagante conducta
propia de algunos países del lejano y ajeno continente asiático. Es
una práctica más o menos frecuente y, cada vez, más próxima a
nuestro entorno. Por ejemplo; en Rusia, por cada 100 mujeres, hay
115 hombres, en Armenia hay 120 nacimientos de niños por cada 100 de
niñas, en Bulgaria y en Egipto 108, en Grecia y El Salvador 107 y,
en general, en toda África nacen 107 varones por cada 100 mujeres.
También en Estados Unidos, este fenómeno se puede deducir del
estudio realizado por dos economista, Douglas Almond y Lena Edlund,
de la Universidad de Columbia, publicado en la revista “Proceedings
of the National Academy of Sciences” (PNAS) que examina la
distribución de niños y niñas entre los recién nacidos en Estados
Unidos de padres chinos, coreanos e indios. En el caso del primer
hijo de estas familias, la tasa entre sexos se ajusta al patrón
normal de 1,05 a 1 (lo que significa que por cada 100 niñas nacen
unos 105 niños). Pero cuando el primer hijo resulta ser una niña, la
probabilidad de que el segundo sea un niño se eleva hasta 1,17. Si
la familia ya tiene dos hermanas, la probabilidad de que el tercer
hijo sea un niño llega a la inusual cifra de 1,51. Un artículo del
Wall Street Journal que, en fecha 21 de abril de 2008, examinaba el
problema en su primera página aportaba más cifras relacionadas con
otras que, anteriormente ya se habían dado a conocer cuando UNICEF
presentó en la India su informe “Situación de los Niños del Mundo
2007” en el que responsables de dicha Organización dependiente
de Naciones Unidas afirmaban que en la India nacen 7.000 niñas menos
cada día en comparación con la media mundial. La nada sospechosa
Organización “Human Rights Watch” -y no las Asociaciones Pro-Vida o
el Vaticano- se preocupan por este tema[7].
Y, sin embargo, parece que nada pasa; recordemos que la Justicia
Sueca, muy recientemente ha dictaminado que; “…no se puede negar
el aborto a la mujer que no quiere tener un hijo de determinado
sexo. La aclaración ha venido provocada por el caso de una mujer que
ha abortado ya dos veces para no tener una niña, porque ya tenía
otras…”.
Con relación a
estos datos y a su significado, la periodista Collen Carroll
Campbell denunció que muchas feministas norteamericanas silencien
este fenómeno del aborto selectivo de niñas con estas palabras:
“…su negativa a introducir limitaciones al derecho al aborto ha
conducido a una de las paradojas más amargas de la era
post-feminista: lo que fue presentado hace años como un medio para
liberar a las mujeres hoy se ha convertido en un instrumento para
eliminarlas…”. No podemos
olvidar que con los modernos métodos de analítica, como el
ultrasonido o como la prueba de ADN en sangre y otras ya se puede
saber el sexo del feto entre la sexta y la octava semana.
IIº.- IIº.- LAS
CIFRAS SILENCIADAS.
Junto con las
anteriores cifras, lamentablemente, nos encontramos con que hay
otras que ya no proceden ni de prestigiosos pero influenciables
doctores o economistas, ni de Asociaciones manipulables o fuentes de
escasa fiabilidad. Resulta que en la 51ª Sesión de la “Comisión
sobre la Situación de la Mujer”, celebrada en el ámbito de la
Organización de Naciones Unidas, en Nueva York entre el 26 de
febrero y el 10 de Marzo de 2007, se redactó un informe bajo el
título de “A Girl’s Right to Live. Female Fooetocide and Girl
Infanticide”
que, explícitamente aborda la situación de las niñas de diversos
países de todo el mundo, con especial atención a la discriminación
que padecen en muchos países por el hecho de ser niña, incluida la
privación de su propia existencia. También
desde otros organismos oficiales, por ejemplo, “La Asociación
para la Planificación Familiar de China” se admite, con todo
tipo de detalles, que el desequilibrio ha alcanzado el punto de que
en determinadas ciudades llegan a haber hay ocho chicos por cada
cinco chicas y, entre los niños de menos de 4 años de la ciudad de
Lianyungang, hay 163,5 chicos por cada 100 chicas y que en el resto
de China, 99 ciudades tienen una proporción mayor de 125 chicos por
cada 100 chicas.
Eso son cifras pero algo, todavía, más
grave pasa cuando la Vicedirectora Ejecutiva del “Fondo de
Población de las Naciones Unidas” (UNFPA), Sra. Purnima Mane
sostiene públicamente que este problema “…lo ubicamos en el
contexto de la discriminación contra las mujeres…” y, en la
propia inauguración de la Conferencia, la Ministra de Desarrollo de
Mujeres y Niños de India, Sra. Renuka Chowdhry, exigió una mayor
participación política de las mujeres y una presión por leyes que
les den poder, como remedio al desequilibrio en la relación de
nacimientos; “…no jueguen con la naturaleza...…eso conducirá a
una mutación de la sociedad…”. Pero, a continuación, alertó que
esto podría conducir a una mayor violencia, migraciones y tráfico,
así como a mayores presiones sobre las mujeres, con las siguientes
reflexiones; “…cuando no hay reconocimiento económico hacia el
trabajo de las mujeres y no hay valores sociales adjuntos a este
género en particular, cuando la manera de compartir recursos sigue
siendo desigual, cuando a las mujeres se les paga menos, entonces se
vuelve más fácil eliminar a este género…”. En una palabra; hay
un problema… de índole económico. O, con otras palabras, mandan las
condiciones del mercado más que las propias mujeres, que, por
cierto, además de mujer también es consumidora. Y, siguiendo con
esta lógica económica, en un futuro no remoto se va a dar la
circunstancia de que solamente puedan configurar familias
tradicionales las clases altas, ya que posiblemente, ante la ya
tangible escasez de mujeres, se invertiría la devaluada institución
de la dote y “…el que pagase más por la novia se la llevaría…”.
Fuera de esta hipótesis acientífica, lo que queremos resaltar y que
no aparece en las palabras citadas es el siguiente interrogante:
¿nadie quiere pensar que si no hay mujeres, tampoco habrá género
humano, aunque todos los varones seamos inmensamente ricos?
También la óptica
económica nos servirá para entender el problema de China o La India
donde debemos analizar el contexto en el que ocurren estos abortos
selectivos, ya que, por ejemplo en la India el hombre es el que
hereda el linaje, el patrimonio y cuida de los padres. Y a la mujer
hay que darle una dote para que pueda casarse con lo cual resulta
ser una carga económica. En teoría, la dote es
ilegal desde 1961, pero sigue plenamente implantada en las
costumbres. Basta recordar el aforismo asiático que dice que;
“...criar una hija es como regar el jardín de otro…” En
muchas regiones chinas las parejas sólo pueden tener un hijo y esto
ha desencadenado la preferencia por el varón, los hombres heredan el
linaje y se ocupan de cuidar a los padres en la vejez, mientras la
mujer cuida de la familia de su esposo. El
Gobierno indio ha ilegalizado los diagnósticos prenatales, ha
anunciado incentivos económicos para las familias que tengan hijas y
efectúa campañas nacionales de sensibilización que, todavía no ha
surtido efecto constatable. Estas medidas deben ser potenciadas ya
que, a nuestro modo de ver, están adecuadamente encaminadas a
cambiar una conducta que se traduce, cuanto menos, en un poco
calculado y brutal desprecio hacia el sexo femenino.
Frente a esta actitud el mundo occidental
parece querer desentenderse del asunto eludiendo el mensaje de una
frase que E. Hemingway recogió de John Donne
y que todo americano conoce: “…nadie es una isla, completo
en sí mismo…y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién
doblan las campanas; doblan por ti…”. Porque lo lógico sería que
todas las Naciones se involucren en un asunto que, más tarde o más
temprano, va a afectar a toda la humanidad; pensar lo contrario es
tan ingenuo como imprudente. Si la sociología, las costumbres o
determinadas decisiones de unos ciudadanos afectan al resto del
planeta de forma negativa no hay que quedarse tan quieto como un
avestruz atemorizado. No proponemos nada subversivo, tan sólo que la
lógica que limita la posesión de armamento nuclear se interprete
analógicamente… y es que resultaría tan deprimente que nuestras
orgullosas bombas atómicas nos sobrevivieran porque nuestra
estupidez (en una nueva vuelta de tornillo) nos impida estrenarlas.
IIIº.- EL
RESULTADO DE TANTAS CIFRAS; EL ABORTO SELECTIVO POR RAZÓN DE
SEXO.
Resulta patente
que, junto al muy legítimo e indiscutible derecho de toda mujer a
una interrupción voluntaria de su embarazo es fácil
confundir el, llamémosle, “Aborto Selectivo por Razón de
Sexo”. Y existe una sutil, casi imperceptible línea que separa ambos
conceptos.
1º) -
Tengamos en cuenta que toda interrupción voluntaria de un embarazo,
en las más diversas legislaciones, suelen tener su fundamentación
en:
A)
Que sea necesario
para evitar un grave peligro para la vida o la salud física o
psíquica de la embarazada.
B)
Que el embarazo sea
consecuencia de una violación.
C)
Que se presuma que el feto
habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas.
2º) –
Mientras que, por el contrario el que hemos denominado “Aborto
Selectivo por Razón de Sexo” no tiene otro fundamento ni otra base
que la discriminación por razón de sexo que, explícitamente, viene
proscrita en el artículo 7 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos de la ONU de 1948
y que es un fruto podrido de la concepción patriarcal y machista de
una sociedad, que permanentemente minusvalora al sexo femenino.
Sin embargo, la
diferencia más contundente y trascendente entre ambos supuestos de
la interrupción voluntaria de un embarazo radica en que;
a)
si el primer caso se
constituye como un Derecho de toda Mujer que solamente le afecta a
ella y a nadie más debe importar, por el contrario cuando
b)
la interrupción del
embarazo está motivada tan sólo en la preferencia del sexo masculino
frente al femenino esto ya afecta, en menor o mayor grado, al ámbito
social de esa mujer que, voluntariamente, interrumpe la gestación al
saber que va a parir una niña, pues, a medio o a largo plazo, va a
interferir en el normal desarrollo de futuras generaciones, en las
va a provocar que otras madres, decenas de años después, se vean
obligadas a abortar fetos masculinos o que muchos varones no puedan
acceder a Derechos reconocidos por las Leyes como son la familia o
los hijos.
Ante esta taxativa
diferencia nosotros, con tanta convicción como humildad, opinamos
que la Ley debería impedir esta segunda conducta. Dicho en términos
más rotundos; alguien que abortara,
personal o indirectamente, exclusivamente, por razón del sexo del
feto, debería ser castigado. Y la razón, ya dicha, es que su
conducta se sale de la esfera de lo privado y legítimo para afectar,
negativamente, a su entorno social, en un futuro más o menos
inmediato. Sería muy conveniente reflexionar, a nivel mundial, sobre
la posibilidad de que el “aborto selectivo por razón de sexo” pasara
a ser una conducta prohibida, pues, es relativamente fácil deducir
que la misma podría llegar a incidir, en unos 500 años en algo tan
catastrófico como la extinción de la especie humana, sin necesidad
de cambios climáticos ni bombas de atómicas sino con un medio más
potente; la pura estupidez. Repetimos que es cuestión de
matemáticas; sí se sigue dislocando el equilibrio de sexos en el
género humano, sin que nadie ponga un freno, esto, obviamente, será
un proceso ascendente, porque si ahora se reduce el número de
mujeres el asunto generará que dentro de 30 años, se haya
multiplicado esa reducción y exponencialmente, así ocurrirá dentro
de 75, 100, 300 años.
Que nosotros
sepamos, junto con normas religiosas el método, tan rudimentario
como contundente para evitar una conducta que, socialmente, no está
especialmente recriminada es el Código Penal y por eso nos atrevemos
a plantear que el “Aborto Selectivo por Razón de Sexo” fuera un
delito. Y es que resulta que, en casi todo el planeta se considera
delictiva aquella conducta que altere, gravemente, el medio
ambiente, bajo el título de Delito Ecológico; pues bien, una
cuestión; ¿los humanos no formamos parte del entorno ecológico?
Eliminar 100.000.000 de crías de oso polar, dado que su piel es
productiva, es algo que no podemos permitirnos[14]…
IVº.- EL
PROBLEMA Y SU POSIBLE SOLUCIÓN.
Ante el escenario
ideológico, estructural, sociológico, legal y práctico y cuando ya
se ha acreditado que faltan alrededor de cien millones de mujeres en
el planeta, tal y como hemos expuesto, primeramente convendría
hacerse una pregunta; problema ¿qué problema? Y es que al
mencionar esta cuestión parece que su difusión sea producto de un
catastrofismo indecente, de una encubierta ideología antiabortista o
bien de una malsana voluntad de provocar la inquietud ciudadana. Con
toda la sinceridad, afirmamos que en estas líneas no se encubre
ninguno de estos intereses indecentemente planteados ni ingenuamente
manipulados.
Pues bien, si en el
planeta hoy ya hay un déficit de más de 100.000.000 de mujeres, como
ya hemos referido y contrastado, es que, lo queramos ver o no lo
queramos ver, hay un problema. Plantearse que para resolverlo
bastaría con invertir el “aborto selectivo por razón de sexo” es una
solución no sólo ingenua sino que, jurídicamente tan inaceptable
como despreciable. Y es que si nos planteamos la obligación de que
existan tres o cinco generaciones con una tasa de natalidad
predominantemente femenina incurrimos, claramente, en otro problema;
hemos creado, literalmente, “máquinas de parir” o simples esclavas
sexuales y, tal vez, familias poliandrias.
Tal solución nos plantea, nuevamente, dos cuestiones; ¿dónde
quedan las tan apreciadas Declaraciones de Derechos Humanos?, ¿por
qué la bisnieta de la mujer que hoy practica un aborto selectivo por
razón de sexo habrá de verse tan limitada en uno de sus más
arraigados derechos? En definitiva, esa futura mujer estará
cumpliendo con la pena que ahora los Códigos Penales no atinan a
imponer a sus bisabuelas. Desde la óptica jurídica se desvanecería
ese concepto tan intangible como intocable que sólo el culpable de
un delito debe ser sancionado, no cabe la traslación personal de las
penas, ni la subsidiariedad, ni nada que, sin conculcar sus
derechos, pueda obligar a una mujer del año 2300 a abortar en
determinadas circunstancias. Justo las que hoy estamos generando. En
defensa de esas futuras generaciones, que ni votan ni consumen, hay
que evitar, castigándolo, el “Aborto Selectivo por Razón de Sexo”,
tal y como prohibimos los cultivos transgénicos simplemente por
razones tan simples como que:
-
Pueden contener sustancias tóxicas.
-
Pueden producir alergias.
-
Contienen un ADN extraño.
-
Pueden crear alergia a antibióticos.
-
Los trangénes pueden escapar del
control humano y modificar el medioambiente.
Pero, todavía más
simple, más locuaz y más patente es que no resulta nada difícil
deducir que, con sólo tres generaciones de este estúpido pero
necesario esquema imaginario de invertir el “aborto selectivo”
habría padres con edad de bisabuelos al tiempo que una inconcebible
desestructuración social, que no se recuperaría, pensamos nosotros,
en unos pocos años. Solventar esto no sería tan fácil como hizo Noé,
cuya fórmula nunca se ha explicado y que Charles Darwin seguro que
no podría compartir. Pues sí, tenemos un problema… Y para
solventarlo mejor es recurrir a Darwin que a Noé, modestamente
opinamos.
Vº.-
CONCLUSIONES.
En realidad si
obviamos los informes asiáticos o las fugaces noticias de Europa o
América sobre el tema del aborto selectivo por razón de sexo,
lamentablemente, tenemos que decir que para nada, ni a nadie, causa
la menor preocupación este tema.
Ante tal unanimidad de legisladores y políticos debemos de entender
que, lo que las cifras aportadas inicialmente, nada indican y
quedarnos con la duda de que nuestras ideas hayan sido fuertemente
influenciadas por las organizaciones extremistas que quieren
desconocer el Derecho al Aborto. Tal vez sea así o tal vez no. El
caso es que nada se podrá hacer desde la mera especulación o,
quizás, desde el disparate. No hay Leyes que eviten este proceder y,
está claro, que solamente, el Pueblo Soberano está facultado para
determinar qué y quienes harán las Leyes. De nada valen las
reflexiones con o sin fundamento cierto.
Asumido lo dicho
líneas arriba solamente queda por resolver una cuestión ¿cómo
valorar el dato, contrastado y público, de que en el Planeta Tierra
falta unos 100.000.000 de mujeres? ¿Es mejor tomar alguna medida
cuando falten, por ejemplo, 1.000.000.000? Esa es, precisamente, la
clave; sí que hay un problema pero para nuestros bisnietos o
tataranietos, no para nosotros. Por eso, con confiar en que la tasa
de longevidad no aumente tan espectacularmente como lo ha hecho
durante el siglo XX, no pasa nada. En el caso contrario pudiera
pasar, simplemente, lo mismo que, con tanta frecuencia como
indecencia, ocurre ahora y es que mis bisnietos me encierren en una
Residencia Geriátrica, como un mueble inútil en un desván
polvoriento. Pero, entonces, con un pequeño matiz; que cuando,
después de abandonarme, volvieran a sus silenciosos hogares no
tendrían el menor remordimiento y ese silencio, en vez de acusador,
ahora estaría legitimando mi merecido entierro en vida; pues es lo
mismo que yo les he legado. Cuando antes nos referíamos a Charles
Darwin era para recordar que cada generación actúa y evoluciona
según los patrones de conducta que heredan de la anterior, eso a lo
que llamamos cultura. Así de simple.
Frente a esta
posibilidad, vale la pena volver a reproducir las palabras, ya
citadas, de la periodista Collen Carroll que acusaba a feministas
norteamericanas del silencio que rodea al aborto selectivo de niñas,
con estas palabras: “…su negativa a introducir limitaciones al
derecho al aborto ha conducido a una de las paradojas más amargas de
la era post-feminista: lo que fue presentado hace años como un medio
para liberar a las mujeres hoy se ha convertido en un instrumento
para eliminarlas…”.
RAMÓN MACIÁ
GÓMEZ
Magistrado
Jubilado
iuris@ramonmacia.com
SARA
MARTÍNEZ GARRIDO
sarmaga30@yahoo.es
Noviembre
de 2009

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