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EL TESTAMENTO VITAL:
SU VALOR Y SU VINCULACIÓN

RESUMEN

La regulación del “Testamento Vital”, de muy reciente inclusión en el sistema legal español, y de gran actualidad y concisión, carece, sin embargo, de una previsión legal en lo que se refiere al incumplimiento del mismo por parte de los Profesionales de la Medicina. Se constata que de forma, tal vez, voluntaria el legislador ha eludido introducir una norma que sancione el voluntario incumplimiento de lo que dispuso validamente el ahora agonizante, precisamente, para las atenciones que quisiera o que no quisiera recibir en sus últimos momentos. Para el autor, Ramón Maciá Gómez, es precisa una reforma del Código Penal que prevea como infracción penal tal incumplimiento.

ABSTRACT

The regulation of the “Vital Testament” (“living wills”), of very recent inclusion in the Spanish legal system, and whit an important actuality and concision, lacks, nevertheless, a legal provision concerning the breach of the same one by the part of the Professionals of the Medicine. The legislator has eluded to introduce a legal norm that penalizes or sanctions the voluntary nonperformance of what had validly, the now agonizing, precisely, for the attentions that he wanted, or that did not want, to receive in his last moments. For the author. Ramón Maciá Gómez, there is precise a reform of the Penal Code that provides like penal infraction such breach or nonperformance of the living wills.

PALABRAS CLAVE

 

Testamento Vital: “Vital Testament” or “Living Will”.

Incumplimiento del Testamento Vital: Breach of living wills.

Agonía: Agony.

Cuidados Paliativos: Paliative care.

Ausencia de norma legal: Absence of Law.

Reforma del Código Penal: Reform of the Penal Code.

Coacción: Coercion.

  

EL TESTAMENTO VITAL: SU VALOR Y SU VINCULACIÓN

 Un testamento es un documento con instrucciones, mandatos e indicaciones anticipadas que realiza una persona en situación de lucidez mental para que sean tenidos en cuenta cuando, a causa de una enfermedad o de otro evento, ya no le sea posible expresar su voluntad. Un testamento vital es una manifestación de voluntad anticipada para el caso de que la persona no estuviese con facultades para decidir acerca de su tratamiento médico y, siempre, referente a dicho tratamiento. Más concretamente, un testamento vital o documento de últimas voluntades es aquel acto jurídico reflejado en un documento escrito autónomo por el que cualquier persona determina cuáles son las atenciones médicas de las que quiere, o no quiere, que se le administre o ser objeto en caso de sufrir una enfermedad terminal. En este texto no queremos incidir ni sobre el contenido, los requisitos o las diversas normativas del llamado testamento vital, solamente nos proponemos examinar, con exclusividad, cual será el resultado, el reproche jurídico, que merezca el médico, o cualquier otro, que actúe contraviniendo voluntariamente las manifestaciones de voluntad que en su momento realizara válidamente, el ahora enfermo terminal.

 En este sentido, un estudio del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital del Mar de Barcelona advierte que la mayoría de los allegados de pacientes hospitalizados en estado terminal no respetan la voluntad de sus parientes. Dicho informe, publicado el pasado 15 de marzo de 2002 en la revista Medicina Clínica[1], tacha la actitud de algunos familiares respecto a la muerte de "paternalista"; bien "por razones de tranquilidad interior" (se ha hecho todo lo posible) o "animados por el avance de la Medicina", lo que fomenta el denominado "encarnizamiento terapéutico", es decir, el uso de tratamientos y métodos artificiales para retrasar la muerte. El estudio del hospital barcelonés muestra las respuestas de los familiares de 88 pacientes ingresados entre junio y diciembre del año 2000, en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del citado centro sanitario. Las conclusiones demuestran el desconocimiento que, tanto los pacientes como sus familias, tienen sobre este asunto, ya que, en ningún caso, aparecía un documento de voluntades anticipadas o testamento vital, y tan sólo en el 12,5% de los casos se había nombrado un representante del enfermo. En definitiva, dicho estudio reconocía que sistemáticamente se incumple el contenido del artículo 11 de la Ley 41/14.11.2002[2] (básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica) que regula las que llama instrucciones previas o manifestación anticipada de su voluntad de una persona, con objeto de que ésta se cumpla, en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarlas personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo.

            Hecha esta introducción, entremos en nuestro propósito; definir las posibles responsabilidades de aquellos que interfieren, modifican, ignoran, contravienen, dificultan o incumplen las disposiciones contenidas en un “Testamento Vital” legalmente válido. Inicialmente, de modo muy genérico, podemos incardinar este tipo de responsabilidad en tres grupos:

a)      Una infracción de las normas de Deontología Médica.

b)      Una infracción relativa a un incumplimiento de una norma general del Código Civil o de la normativa civil y/o autonómica especial que regula los testamentos vitales.

c)      Una responsabilidad penal, con una cierta analogía con el delito de coacciones.

Respecto a la consideración del incumplimiento del testamento vital como una infracción a la Deontología Médica digamos que el artículo 4 del Código de Deontología Médica[3] dice que “…1. La profesión médica está al servicio del hombre y de la sociedad. En consecuencia, respetará la vida humana y la dignidad de la persona y el cuidado de la salud del individuo y de la comunidad, son los deberes primordiales del médico… …2. El médico debe cuidar con la misma conciencia y solicitud a todos los pacientes sin distinción por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social… …3. La principal lealtad del médico es la que debe a su paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia… …4. El médico nunca perjudicará intencionadamente al enfermo ni le atenderá de manera negligente, y evitará cualquier demora injustificada en su asistencia… …5. Todo médico, cualquiera que sea su especialidad o la modalidad de su ejercicio, debe prestar ayuda de urgencia al enfermo o al accidentado… …6. En situaciones de catástrofe, epidemia o riesgo de muerte el médico no puede abandonar a los enfermos, salvo que fuere obligado a hacerlo por la autoridad competente. Se presentará voluntariamente a colaborar en las tareas de auxilio…”. El artículo 7 del Código Deontológico Médico mantiene que “…la eficacia de la asistencia médica exige una plena relación de confianza entre médico y enfermo. Ello presupone el respeto del derecho del paciente a elegir o cambiar de médico o de centro sanitario. Individualmente, el médico ha de facilitar el ejercicio de este derecho y corporativamente procurarán armonizarlo con las previsiones y necesidades derivadas de la ordenación sanitaria…”. Y el artículo 10, de mayor calado para nuestro breve estudio, sostiene que “…Si el paciente debidamente informado no accediera a someterse a un examen o tratamiento que el médico considerase necesario, o si exigiera del médico un procedimiento que éste, por razones científicas o éticas, juzga inadecuado o inaceptable, el médico queda dispensado de su obligación de asistencia…”. Ésta última disposición puede tener una especial trascendencia en el caso de que el paciente  hubiera efectuado un “Testamento Vital”. Esto se corrobora en lo que dice el artículo 11. 3 cuyo tenor literal es el siguiente: “…3. Si el enfermo no estuviese en condiciones de dar su consentimiento a la atención médica por ser menor de edad, estar incapacitado o por la urgencia de la situación, y resultase imposible obtenerlo de su familia o representante legal, el médico deberá prestar los cuidados que le dicte su conciencia profesional…”. Finalmente, el artículo 25 del mencionado Código de Deontología Médica literalmente dice que “…No es deontológico admitir la existencia de un período en que la vida humana carece de valor. En consecuencia, el médico está obligado a respetarla desde su comienzo. No obstante, no se sancionará al médico que dentro de la legalidad actúe de forma contraria a este principio…”.

            Pues bien, examinadas estas normas y sus complementarias parece evidente que no existe una específica infracción de la Deontología Médica en caso de incumplimiento de lo dispuesto en el “Testamento Vital”. Sería, pues, preciso una adaptación de este Código Deontológico a las reformas legales surgidas con posterioridad a su bastante reciente redacción, incluyendo la posibilidad de imponer una sanción grave al profesional médico que incumpliera lo dispuesto en un Testamento Vital válidamente otorgado. Hay que destacar, además, que los respectivos Colegios Médicos siempre habrían de actuar de oficio, pues la “víctima” del incumplimiento carece de la posibilidad de denunciar la infracción, por ahora,no regulada. Pero creemos que la conducta descrita merecería, por los principios de proporcionalidad y de equidad, de una sanción mucho más grave que la meramente deontológica.

Respecto a la consideración de un posible incumplimiento de un testamento vital como una infracción de la normativa civil recordemos que el artículo 664 del Código Civil[4] dice que “…el testamento hecho antes de la enajenación mental es válido...”. El artículo 738 del Código Civil mantiene que “…el testamento no puede ser revocado en todo ni en parte sino con las solemnidades necesarias para testar…”. Por otro lado el artículo 899 del Código Civil dispone que “…el albacea que acepta este cargo se constituye en la obligación de desempeñarlo; pero lo podrá renunciar alegando causa justa al prudente arbitrio del Juez…”. Además el artículo 911 del ya tan citado cuerpo legal ordena que “…en los casos del artículo anterior, y en el de no haber el albacea aceptado el cargo, corresponderá a los herederos la ejecución de la voluntad del testador…”. Mucho mas adelante el artículo 1.090 del Código Civil dice que “…las obligaciones derivadas de la ley no se presumen. Sólo son exigibles las expresamente determinadas en este Código o en leyes especiales, y se regirán por los preceptos de la ley que las hubiera establecido; y, en lo que ésta no hubiere previsto, por las disposiciones del presente libro…”. Finalmente recordar que el artículo 1.101 del Código Civil dice que “…quedan sujetos a la indemnización de los daños y perjuicios causados los que en el cumplimiento de sus obligaciones incurrieren en dolo, negligencia o morosidad, y los que de cualquier modo contravinieren al tenor de aquéllas…”. Como podemos ver todas las disposiciones transcritas se refieren al incumplimiento de órdenes o mandatos que legítimamente dirige uno a otro. Pero, claramente, en el caso del Testamento Vital además de un mas o menos patente incumplimiento de una voluntad, es fácil advertir que ese incumplimiento impide, limita o anula el ejercicio de un derecho legalmente constituido; el llamado vulgarmente derecho a la “muerte digna”. Y esta limitación, vulneración o anulación de un derecho, se sale, por lo que implica de gravedad, del Código Civil para entrar, de lleno, en la órbita del Código Penal, como ahora veremos.

Va a resultar mucho más interesante el análisis del incumplimiento del contenido del Testamento Vital como una infracción penal, además de un posible incumplimiento sancionado en el Código Civil como, brevemente, acabamos de ver. Por un lado el artículo 172 del Código Penal[5] castiga a “…el que, sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto, será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años o con multa de 12 a 24 meses, según la gravedad de la coacción o de los medios empleados…” Y más adelante el artículo 620 del mismo cuerpo legal dispone que “… serán castigados con la pena de multa de diez a veinte días:… …2.º Los que causen a otro una amenaza, coacción, injuria o vejación injusta de carácter leve, salvo que el hecho sea constitutivo de delito…”. Examinados los dos preceptos legales citados advertimos la muy difícil incardinación del incumplimiento de lo dispuesto en el testamento vital dentro del Código Penal y ello, por los siguientes motivos:

a)                  Difícilmente existirá “violencia” en la conducta, por ejemplo, del médico, que mantiene artificialmente la vida de otro.

b)                 Es imposible entender que existe una compulsión activa al mantenimiento de la vida cuando el sujeto pasivo se halla privado de conocimiento, discernimiento o voluntad.

c)                  Entender que el mantenimiento de la vida, muchas veces con sufrimientos importantes, constituye una simple falta, atenta tanto a la lógica como a la sistemática del Código Penal.

Visto todo lo anterior nos encontramos, inicialmente, ante la paradoja de que, efectivamente, no existe previsión alguna de sanción para el incumplimiento de lo dispuesto en el Testamento Vital; lo cual no se le priva de validez, pero si de efectividad. Nos hallamos ante una laguna legal que el legislador tendría que abordar.

Respecto al delito de coacciones, recordemos que la sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de 11 de julio de 2001 fija los requisitos para dicho delito y efectúa la siguiente definición:  “…una infracción penal que afecta la libertad de obrar de las personas, requiriéndose para la existencia del delito que se haya producido efectivamente ese resultado..”.

Los requisitos para que exista el delito son los siguientes:

      1º una dinámica omisiva encaminada a un resultado que puede ser de doble carácter:

-          impedir a alguien hacer lo que la Ley no prohíbe.

-          compelerle a hacer lo que no quiera, sea justo o injusto.

2º que tal actividad se plasme en una conducta de violencia, no sólo física sino también la intimidación o incluso la fuerza en las cosas.

            3º que esa conducta ofrezca una cierta intensidad, ya que si esta última fuera de tono menor aparecería como apropiada la apreciación de una falta,

            4º existencia de un elemento subjetivo que incluye no sólo la conciencia y voluntad de la actividad que se realiza sino también un ánimo tendencial de restringir la libertad de obrar ajena,

            5º ausencia de autorización legítima para obrar en forma coactiva.

            A  la luz de estos criterios no parece que el supuesto que tratamos pueda ser incluido dentro de un tipo de coacciones, ni auxiliándose de la prohibida analogía, en el ámbito penal, si no se efectúa una previa modificación legal en el seno del Código Penal.

            En definitiva, y como conclusión a estas breves líneas tenemos que delatar que, pese al muy importante avance en lo referente a la muerte digna y al Testamento Vital, por un motivo de difícil deducción, el legislador, sistemáticamente está olvidando o eludiendo, realizar una reforma legislativa que introdujera en el Código Penal un específico artículo que castigase al incumplimiento de las llamadas últimas voluntades, ante todo y sobre todo, si atendemos a las vergonzantes estadísticas que, a modo de introducción, comenzaban estas líneas.

 

 

RAMÓN MACIÁ GÓMEZ

Magistrado Jubilado
Especialista en Derecho Medico
.
 Publicado el 20-04-09
.

 

 

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