ELLA RETOMÓ TU CAMINO
A LA VIDA
Tal vez a usted le haya pasado lo mismo. Se dejó llevar por sus
deseos, el amor, fue dejando de lado a las amigas, ya no tenía
tiempo, le apetecía estar con su pareja. Puede que ponga como
excusa que ellas también tenían su vida, sus compromisos, pero usted
no se dio cuenta de que dejaba atrás las relaciones que la mantenían
viva, aquellas con las que se divertía, con las que hablaba, iba de
compras, compartía sus inquietudes, sus compañeras. Se metió de
lleno en su relación de a dos y todo su tiempo lo repartía entre las
tareas diarias y él, la familia y él, el trabajo y él.
Pasaron los años y
llegaron los hijos, las papillas, los pañales, los cambios de humor,
la falta de tiempo para salir, la desgana sexual, los enfados, la
suegra, el dinero… Empezaron a salir las primeras arrugas, las
canas, la casa se fue convirtiendo en su palacio o su cárcel. Ahora
se siente desencantada, no sabe cómo ha llegado hasta aquí, el vaso
se fue colmando y ahora ha rebosado. Su pareja ya no le llena como
antes, apenas hablan, él quiere saber a dónde va, con quién habla,
opina sobre la ropa que se pone y sobre el dinero que gasta, no
colabora lo que debería en el cuidado de los niños y en la cama ya
no saltan las chispas como antes. La distancia entre ambos se ha
hecho patente, ya no aguanta más. Si buscamos el detonante de este
rechazo tal vez no lo encontremos, puede que haya sido la suma de
muchas cosas, o que alguien avivó el deseo dormido, o que despertó
del letargo en el que estaba sumida.
Muchas parejas
llegan a terapia en este estado de cosas. “Ella ha cambiado, dice
que me quiere dejar”. “¿Cómo no me he dado cuenta?”. “Ya no lo
deseo”. “Quiero sentirme libre”. Dejarse llevar por el amor sin
guías es un viaje muy peligroso que tiene consecuencias. Las
pasiones no suelen ser buenas consejeras, hay que domeñarlas y
marcarles un rumbo que tenga en cuenta la vida que uno ya tenía. Si
dejamos de lado las aficiones, los amigos, la familia, la
privacidad… acabaremos por sentirnos prisioneros en muros que
nosotros mismos hemos levantado. Si alguien, para estar contigo, te
pide que seas otra persona, tal vez debas elegir otro compañero/a.
Lo que al principio parece amor y confianza, luego lo llamamos celos
y control. Para poder disfrutar de la vida de pareja, primero hay
que disfrutar de la vida de cada uno, respetarnos a nosotros mismos
y respetar el tiempo de la otra persona. Comprender los gustos de
las demás personas es imposible, sólo podemos aceptarnos diferentes
y pactar para poder convivir. Las personas felices irradian
felicidad a su alrededor. Las personas sacrificadas acaban
vengándose. No siempre el camino de la vida feliz sea separarse,
muchas veces es pensar y comportarse de forma diferente a como lo
venían haciendo, ser otros y descubrir, día a día, cómo pueden ser
felices y hacer felices a esa persona que han elegido como
compañero/a de vida.
Helena Trujillo
Psicoanalista – Asesora Matrimonial
11-09-11
www.htpsicoanalisis.com

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